Como os comentaba el otro día, una de las mayores aportaciones de Asimov a la ciencia ficción (y a la filosofía en general) son Las tres leyes robóticas que aparecieron por primera vez en el relato Runaround (1942) y se ampliaron posteriormente con la Ley Cero, que apareció en Robots e Imperio, dentro del denominado Ciclo Baley-Robots que incluye las novelas Bóvedas de acero, El sol desnudo, Los robots del amanecer y Robots e Imperio.
Aunque estas leyes aparecen posteriormente en toda su obra, es en su mítica I, Robot o Yo, Robot, en donde cobran trascendencia ya que es la obra en la que más se discute sobre ellas desde distintos ángulos y puntos de vista. No puedo afirmarlo categóricamente ya que no he terminado de leer la ingente obra literaria de Asimov, pero los que sí lo han hecho consideran que el autor acabó unificando todas sus obras dándoles una unidad temporal que empezaría con Yo, Robot y terminaría con la Fundación.
Aunque estas leyes aparecen posteriormente en toda su obra, es en su mítica I, Robot o Yo, Robot, en donde cobran trascendencia ya que es la obra en la que más se discute sobre ellas desde distintos ángulos y puntos de vista. No puedo afirmarlo categóricamente ya que no he terminado de leer la ingente obra literaria de Asimov, pero los que sí lo han hecho consideran que el autor acabó unificando todas sus obras dándoles una unidad temporal que empezaría con Yo, Robot y terminaría con la Fundación.
Por ello he decidido dedicar algunos artículos a Yo, Robot y sus relatos para entender mejor su trascendencia, profundidad filosófica e influencia en la robótica actual siempre desde mi más humilde opinión, claro está. En este artículo hablaré de la película y en los siguientes de cada relato del libro, es decir: Robbie, Círculo vicioso, Razón, Atrapa esa Liebre, ¡Embustero!, Pequeño Robot Perdido, ¡Fuga!, Evidencia y El Conflicto Evitable.
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